Comentario semanal para el periódico El Día de Tenerife
Lo decía en letras muy gordas el diario
El Mundo el lunes 11:
Al Qaeda ordenó desde Internet atacar en Europa. En primera página y a toda plana. Así que ya lo saben: Internet es parte del eje del mal. Al Qaeda hace sus encargos desde Afganistán, Irán, Corea del Norte –a saber si también– pero, sobre todo, desde la República de Internet. ¿Se puede bombardear este país? Sí, por supuesto. Diariamente recibo unos cincuenta correos basura o
spam, la mayor parte americanos. ¿Se le pueden controlar sus fronteras? También. Ya lo hemos hecho. Confirmando los peores presagios, los ministros de Interior de la UE han rubricado el disparate: obligar al control de los datos que circulan por internet, de forma generalizada y sin la preceptiva y discriminatoria orden judicial. Dicen que así podrán perseguir de vicio y oficio a los terroristas. La ingenuidad y, lo que es peor, la aviesa intención de estas lumbreras echa para atrás. No se han parado a pensar que están profanando impunemente el sacrosanto derecho del secreto de las comunicaciones, derecho vigente en la mayoría de las constituciones occidentales. Les da lo mismo. Hoy les ha venido bien la excusa de los terroristas. Mañana dirán que hay que poner coto a la pederastia, pasado a los narcotraficantes, al otro a los que blanquean dinero negro, al siguiente que por si aquello del tráfico de órganos y, muy posiblemente, en breve terminarán diciendo que lo hacen para salvar no sólo los órganos, sino toda la música. El caso es que ya hay control en la Red. ¿Y por qué no en Correos? ¿O en las agencias de transporte? ¿Tendría algún sentido titular un periódico diciendo que, por ejemplo, Al Qaeda ordenó atacar en Europa desde Seur? Sería una sandez. Si todos sabemos distinguir claramente lo que es un lugar real de lo que es un medio de comunicación, ¿es tanto pedir que ellos también lo sepan? La pregunta clave sería: ¿Les interesa saberlo? ¿Por qué ese empeño mal disimulado de los grandes periódicos –antaño adalides de la libre expresión y el secreto, por ejemplo, de sus fuentes de información– por capar el alcance de internet? ¿Tanto daño hace a sus negocios? ¿Tan difícil se lo están poniendo los millones de
bloggers repartidos por todo el mundo, que proporcionan desinteresadamente información al instante? Parece que sí, que cada vez son más los que confían en estos últimos dejando de lado a los grandes medios. Mientras tanto, seguirán azuzando a los políticos paniaguados desde sus editoriales, tanto a derecha como a izquierda, porque no pueden vivir ni convivir con internet. Una vez fracasado el negocio, afirman cosas como que
el país es para todos. Mienten. Ya lo dice el jocoso aforismo que circula por internet:
En teoría, no hay diferencia entre la teoría y la práctica. En la práctica, sí la hay.