Comentario semanal para el periódico El Día de Tenerife
Parece fácil. Uno, dos, tres, cuatro y así hasta el infinito. Podemos contar cualquier cosa y sólo es cuestión de paciencia. Incluso algunos contamos estrellas –cien mil millones sólo en nuestra galaxia, quinientos mil millones de estas últimas–, y a todo el mundo le parece bien. Tenemos una tendencia natural a aceptar los números que nos dan, por grandes que éstos sean. Otra cosa es cuando contamos personas. Nadie se pone de acuerdo. ¿Cuánta gente estuvo en tu fiesta? Uno o ninguno, más o menos. Tres arriba o abajo. ¿Cuántas personas se manifestaron en Madrid el sábado? Doscientas mil escasas, dice la policía del PSOE –nacional–. Un millón como poco, dice la del PP –local–. ¿Y en internet? ¿Es posible manejar números? ¿Cuántas sitios se pueden visitar sin coger un tranvía? Según
Netcraft, a finales de 2003 eran casi 46 millones de sitios web. Pero en Mayo ya teníamos unos 65 millones. ¿Y cuántas páginas? La respuesta es mucho más difícil, es como hablar de estrellas y galaxias y multiplicar. Teniendo en cuenta los alojamientos de páginas personales, bitácoras y otros sitios gratuitos, el número es ciertamente astronómico. Sólo
Google realiza búsquedas en más de ocho mil millones de páginas. Sí, está bien escrito, con todos sus ceros. Más de una por habitante del Globo. Si usted no tiene una página web es un cero igualmente, pero a la izquierda. ¿Y cuántas personas se mueven por los raíles de la red de redes, colocados sin destrozar ni los tímpanos ni los bolsillos de los sufridos contribuyentes? Pues sólo en España hay ya más de 3 millones de líneas ADSL, y el número de usuarios habitual supera los 10 millones. Como para que los músicos vayan y nos pongan un carnet a todos. La ignorancia es atrevida. Otros ejemplos. ¿Sabían que más de un millón de personas se ha descargado el vídeo de
FAES? Parece increíble pero es cierto, dejo a cada cual que extraiga su opinión al respecto. ¿Y que
otro millón ha pasado este mes por la página de la Agencia Tributaria? El de Hacienda es un ejemplo a seguir, y siempre es de agradecer que a uno le hagan las cosas más fáciles en los momentos más difíciles. ¿Que hay que pagar? Bien, pero al menos no se mueva usted de casa, no haga colas, no espere al tranvía –por si acaso se retrasa un poco–. Toda la información en un click. Qué bonito será cuando todos los organismos públicos –no sólo para pagar– alcancen el mismo nivel de eficacia tecnológica. No tener que desplazarse al Ayuntamiento para solucionar problemas con el padrón, con los impuestos. No tener que ir al Hospital o acudir a la Universidad a realizar papeleos, a rendir pleitesía a la reina Burocracia. Cuántos viajes nos ahorraremos. Claro que, pensándolo bien, si esto fuera así igual ya no hace falta
el tranvía. Mejor zanjamos el asunto y seguimos picando, que algo saldrá si seguimos buscando.