Comentario semanal para el periódico El Día de Tenerife
La noticia que hoy comento tiene su lado trágico y su lado cómico. Como viene siendo habitual, intentaré desmenuzarla con ironía, pero a más de uno tiene que hacerle pensar. Una compañía estadounidense, de nombre “
Sea–Code”, se ha lanzado al agua. Literalmente. Con la única pretensión de abaratar costes en la producción de software, tiene la intención de
embarcar a 600 informáticos de la India y llevarlos hasta la costa californiana, fondeando la enorme patera –en las fotos de la publicidad la pintan como un Queen-Mary-3, todo hay que decirlo–, en el límite de las aguas internacionales. De esta forma no hay que hacer papeles, no hay inmigración, la factoría está a tiro de piedra y/o helicóptero de los centros de gestión, y los directivos de las empresas contratantes no tienen que hacer molestos viajes a los países del tercer mundo. No vaya a ser que vean otro tipo de ratones y cucarachas a las que están acostumbrados. El proyecto ha sido calificado en la Red como de “barco de esclavos”, “explotador” e “inhumano”, pero sigue adelante con la permisividad e incluso el beneplácito de la Administración Bush. Cómo no. Los promotores aseguran que 90 centavos de cada dólar invertido por sus clientes quedarán en los EEUU, en lugar de volar al extranjero. Los turnos de trabajo para los programadores serán de doce horas, como los que acostumbran en sus países de origen –no se fueran a sentir extraños–, y sus salarios del orden de un 15% de lo que un informático o ingeniero del “primer mundo” recibe. Al leer la noticia me ha venido a la memoria aquellas famosas declaraciones del Consejero del ramo en Canarias, premiado en multitud de ocasiones por su incontinente verborrea pero nunca, que yo sepa, por la eficacia en su gestión. El que hace nada dijo que había que hacer de Canarias –o, al menos, de una isla escogida entre las siete– el “
Singapur del Atlántico”. Ya tiene aquí la praxis de la idea, la solución habitacional aplicada a nuestra singularidad isleña. Porque aquí somos iguales pero diferentes. Sólo hay que darle forma, gestarla y parirla. De momento, tenemos el océano, tenemos las pateras y tenemos la infinita suerte de tener el tercer mundo ahí cerquita, a sólo 150 km. Tenemos puertos en marcha y megapuertos en proyecto, y ahora una nueva sensibilidad en el Gobierno Central. Vamos a soltar amarras y vamos a hacerlo a lo grande. ¿Cuántos inmigrantes pueden caber en un superpetrolero de ésos que vamos a comprar en
cuanto el oro negro surja imparable de nuestros mares? Pues venga, ya estamos repartiendo a todos un kit completo de Microsoft, de esos cientos que tiene
firmados el otro consejero, el de Educación. Y vamos a cerrar las universidades, que esta gente ya viene con la lección aprendida. Y con mucho hambre, que agudiza el ingenio hasta convertirte en ingeniero. Sin papeles.