A este paso, incluso los sueños estarán sometidos a pagar algún tipo de canon. Una de las noticias más increíbles -y funestas- de las últimas semanas es la de la posible implantación de un pago por el préstamo de libros en las bibliotecas. La excusa, la de siempre, los derechos de autor. Curiosamente, el libro es uno de los pocos productos que todavía resiste el embate de internet. Ya han sido completamente transformados los mercados discográfico, cinematográfico, o periodístico, por ejemplo. Pero el libro de papel aguanta la quema. Quizá todavía el formato electrónico no resulte cómodo, quizá el libro tradicional siga siendo lo suficientemente asequible como para no ser atacado con beligerancia. Incluso las novedades, los libros más vendidos, aparecen a los pocos meses en ediciones de bolsillo, a muy bajo precio y en cualquier quiosco. Leer resulta imprescindible para la formación integral del individuo, y la tarea que desempeñan las bibliotecas en un país prácticamente ágrafo como el nuestro se antoja esencial. Dejemos que los niños puedan leer sus cuentos favoritos, como "Alí Babá y los cuarenta ladrones." O "El rey de los ladrones", de los hermanos Grimm. También género fantástico en "La ciudad de los ladrones", de Ian Livingstone, y ciencia-ficción como en "Los ladrones de cuerpos." Comedia clásica española como la inmarcesible "Los ladrones somos gente honrada" de Enrique Jardiel Poncela e, incluso, novedades tan interesantes como "Ladrones de tinta", de Alfonso Mateo Sagasta. El lector inteligente -que los habrá, ahora que aún podemos leer gratis- entenderá la broma de este comentario. Y, si no, que busque en Google... más información sobre autores y "
ladrones". No quiero dejar de referirme hoy al más que gris panorama que adivino con la llegada de la vecina de Cultura. No creo que su preparación le alcance al rango de ministra, y menos después de su estreno. Queriendo eliminar, de un plumazo, el IVA en discos y libros, sin saber que estamos en Europa -incluso Canarias, con su IGIC-. De haberse puesto en marcha, hubiera supuesto una teórica bajada en el precio de un disco de 18 a 16 euros, más o menos. O sea, que ni sus hijos -si los tiene- habrían dejado de bajarse música de la Red. Los hubo que se frotaron las manos, ya se imaginan quienes. Pero si no lo adivinan, les diré que los mismos que se apresuraron a desmentir en horas y con un "exhaustivo peritaje" el posible plagio de la empalagosa melodía compuesta por Nacho Cano para la empalagosa pareja nupcial. Estaba ya en las tiendas, claro. Tanto almíbar nos va a sentar mal. Hay quien anda pidiendo la República sólo para que vuelvan a poner fútbol en televisión...
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El Día de Tenerife, sábado 22 de Mayo de 2004