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Caos en Barajas: Estaba escrito
"Sólo desde el aire era posible hacerse una idea de la magnitud de aquellas construcciones. Aquello no podía ser una ciudad corriente. Tenía que estar levantada a imagen y semejanza del núcleo primordial o centro de algún arcaico e increíble capítulo de la historia terrenal, cuyas ramificaciones exteriores, sólo vagamente recordadas en las leyendas más oscuras y deformadas, se habrían desvanecido totalmente en medio del caos de las convulsiones terrestres, mucho antes de que cualquier raza humana conocida saliera con paso vacilante del mundo de los simios. Aquí se extendía una inacabable megalópolis paleógena, en comparación con la cual las fabulosas Atlantis y Lemuria eran aldeas; durante kilómetros sin límite se extendía en cualquier dirección aquel laberinto de titánicas torres, columnas ciclópeas, pétreas estructuras, grotescos muros, puentes y nervios de vidrio y acero que unían, de modo siniestro y amenazador, la terrible ciudad con aquel reino de repugnancia y maldad. Como la cosa no tenía remedio, y Barajas era ya tres veces más grande que el propio Madrid, el Gobierno decidió otorgarle la categoría de capitalidad del Reino de España...
Más de doscientas enormes naves rigelianas en perfecta formación tomaban tierra –y quizá la propia Tierra– en el nuevo Barajas. En todos los monitores de las terminales la palabra “RETRASO” era sustituida –nadie recordaba una cosa así en Barajas ni de lejos parecida– por su antónima “ADELANTO”. Los pilotos habían comenzado a montar un buen pollo denunciando intrusismo profesional pero, por una vez, nadie les hacía caso.
–Vienen del futuro –dijo Tino–. Del siglo XXX.
–Pues serán todos unos salidos –bromeó Alfredo.
–Puede que peor que eso –presagió el padre Anselmo.
Hileras interminables de cabezones grises llenaban ya las salas de espera de equipajes. Los primeros problemas surgieron cuando ciento ochenta y ocho de las mentadas doscientas y pico expediciones comprobaron que sus pertenencias habían sido enviadas al siglo XIX en lugar de al XXI. “Hay que ver cómo se rebotan estos enanos por un palito de nada”, se excusó el personal de facturación. De esta forma comprendemos ahora cómo es posible que Julio Verne supiera tanto de viajes espaciales. Pero las mayores complicaciones se derivaron de la comida:
–Sopa celular para untar –pidió el encargado de la intendencia, que llevaba un ridículo gorro blanco de forma cilíndrica encasquetado en la cabeza–. Cuatrocientos mil platos –añadió.
–Sólo nos queda empanada de atún y ensaladilla, caballero."
Fragmentos de
El Libro Horrible, Editorial Difácil 2002. (
Enlace)
Alguien me ha recordado el texto a raíz de las
noticias que llegan -delirantes- del estreno del nuevo Barajas.
Scripta Manent, que dirían los latinos y los pedantes como yo. La próxima novela, prontito. Pero esta vez en serio.
2006-02-05 16:47 | 0 Comentarios
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