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La mayoría de los grandes científicos (¿oficiales?) son, ante todo, escépticos. El escepticismo, es decir, inclinarse por la duda, es la postura más adecuada a la hora de enfrentarse al estudio de un determinado hecho del que se desea extraer conclusiones objetivas. El escepticismo, en contra de lo que muchos consideran, no consiste en no aceptar o en no creer a priori, puesto que la aceptación o la creencia se fundamentan en la ignorancia, sino en adquirir todos los conocimientos a nuestro alcance para poder adoptar una posición objetiva ante el hecho que tratamos de discernir.
Actualmente, y a diferencia de lo que sucedía en mis tiempos de estudiante, cualquier persona con mínimos conocimientos de inglés puede conocer de primera mano las investigaciones que se están desarrollándose en universidades, hospitales públicos y clínicas privadas de todo el mundo, y cuyos resultados son publicados en internet casi de inmediato por los propios investigadores, sean estos médicos, físicos, químicos, biólogos, etc. Hay, por así decirlo, motivos y argumentos suficientes para poner en práctica el escepticismo. Hay fuentes de información de las cuales aprender y de las que dudar inteligentemente.
Luego accede uno a un blog en español y la realidad se impone: mofas, insultos velados (o no), posiciones prepotentes e ignorancia e intransigencia a raudales. No es sorprendente si partimos de la base de que en español no se encuentran artículos científicos relevantes.
Entretanto, y mientras algunos se pierden entre psicofonías (que las hay, y bastante mejores que unas cuantas palabras balbuceadas), son pocos los que conocen que una de las conclusiones físico-matemáticas más impactantes y controvertidas de la física basada en el quantum es la supervivencia de la consciencia tras la muerte biólogica. ¿¡Qué!? ¡Pero que estoy diciendo! ¿Física del Quantum? ¡Anda, anda, háblame de Newton que eso sí lo entiendo!
Si reseñan en la caja de búsqueda de Google las palabras “quantum consciousness” y se molestan en recorrer las páginas que este buscador muestra, comprobarán que la mayoría están escritas por físicos (muchos de ellos, astrofísicos), médicos (cirujanos y anestesistas), biólogos, etc. Hasta hay algún que otro premio Nobel (Brian Josephson, Nobel en Física, 1973). Entonces, si Josephson admite la existencia del fenómeno anómalo, como es el caso, ¿deja de ser científico?
Bueno, tampoco deseo alargarme. Que cada uno cree en lo que quiere creer es sabido por todos, pero no es una postura científica NO QUERER SABER.
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