No sabemos qué hay detrás, pero podemos darnos el gusto de llenarlo de pintadas. Blog sobre Ciencia, Tecnología y Política que, como luz y materia tras el Muro, son casi la misma cosa.
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> A veces oigo voces <

Comentario semanal para el periódico El Día de Tenerife (ZonaWeb)


Podría ocurrir paseando por la plaza de España. En casi todas las ciudades de España. O, en su defecto, paseando por la plaza de la entidad nacional correspondiente. Junto a unas obras de un metro, de un kilómetro, o incluso de muchos de ellos, como las del tranvía. Voces saliendo de los monumentos a los Caídos, de las excavaciones, de las trincheras, de las casas. ¿Qué hacemos? Que no cunda el pánico. Si nos mantenemos serenos y somos listos, podemos grabar el fenómeno sicofónico y venderlo al mejor postor. Iker Jiménez –Cuarto Milenio, en la Cuatro– paga bien y no tiene muchos escrúpulos. Si la grabación no tiene entidad nacional –verbi gracia–, podemos intentarlo con una entidad local. Una llamada a don Santiago González –director de TV-Canaria– y, quizá, nos dedicarán un capítulo de su fenomenal Phenomena, donde a buen seguro su equipo de expertos en torrados deduzcan la existencia de un antiguo y angustiado enterramiento guanche, justo debajo de nuestras narices, pidiendo que cambiemos de canal. Y nosotros sin enterarnos. Lo más probable, sin embargo, es que sea la propia tecnología la que nos esté atravesando sin piedad. Las redes inalámbricas se extienden por doquier. ¿Podemos sacar provecho de ello? Sin duda, y de forma más útil y menos descerebrada que las anteriormente sugeridas. La pregunta es cómo. De momento, las conexiones en redes ajenas son casi involuntarias. Nuestro ordenador, nuestra agenda o nuestro móvil nos las ofrecen en bandeja de plata avisándonos de su disponibilidad, incitándonos a pecar. Aunque los proveedores de líneas ADSL nos coloquen los routers bien cerrados. Pero son tan malos –los routers, y también los proveedores– que se rompen con mirarlos. Así que nos vamos a una tienda y compramos otro. Y sale, oh casualidad, abierto. No hay maldad ni ánimo de lucro, ni nadie en su escaso conocimiento se lee aquella letra pequeña del contrato donde dice que “el Servicio ADSL se limita al ámbito del domicilio del cliente”, o que “queda expresamente prohibida la compartición de recursos fuera del domicilio”. Si nuestra red es móvil, ¿por qué no movernos con ella? ¿Por qué no utilizar internet para sustituir la telefonía móvil a un precio infinitamente más bajo? El principio fundamental es el de siempre: compartir aquello que no se usa. Los primeros proyectos al respecto ya están en marcha. El más conocido se llama FON y es, utilizando las propias palabras de sus promotores, “la revolución WiFi”. Pretende permitir a todos los usuarios sincronizar sus puntos de acceso en una misma red. De tal forma que pagando por tu conexión en casa sea posible la conexión también en cualquier otro lado. De momento el proyecto tiene tantas luces como sombras y, parafraseando los programas ufológicos antes mencionados, “tendrá que ser el espectador quien saque sus propias conclusiones”. Pero quizá muy pronto oigamos voces por la calle. Y gritos, muchos gritos al cielo de las compañías telefónicas que han pretendido bloquear un negocio tan caro como ineficiente.

2005-11-27 17:52 | joven | 0 Comentarios | #

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