No sabemos qué hay detrás, pero podemos darnos el gusto de llenarlo de pintadas. Blog sobre Ciencia, Tecnología y Política que, como luz y materia tras el Muro, son casi la misma cosa.
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Comentario semanal para el periódico El Día de Tenerife

Vuelven a la carga. Los de siempre. Los agoreros, los fatalistas, los trasnochados, los pusilánimes, los catastrofistas, los ingenuos. No sé si han observado que, cada cierto tiempo �y este tiempo suele coincidir con la publicación de nuevas estadísticas acerca de la expansión imparable de la Red�, aparecen voces clamando al Cielo y alertando de los innumerables peligros de internet. Pornografía, terrorismo, racismo, estafas, piratería, sectas. Que los niños no se acerquen al ordenador si no son acompañados de una pareja de la guardia civil. O varias. Podrían ser abducidos por la disquetera. O por un puerto USB, en su defecto. La última cantinela son las adicciones. Internet, según los vigilantes del orden y las buenas costumbres, crea adicción. Incluso más que los pérfidos videojuegos, ésos que socavan el subconsciente infantil y son responsables de la mayor parte del fracaso escolar. Los planes de estudio son perfectos, modélicos e intachables. La culpa es de la maquinita, qué si no. Dicen los sabios que hay entre cuatrocientos mil y un millón de adolescentes adictos, más que entre todas las drogas juntas. Y estos números son antiguos. Dónde iremos a parar. Me da que confunden culo con témporas, velocidad y tocino, afición y aflicción, adición y adicción. La moda está en afirmar que todo aquello que nos es necesario, y de lo que no podemos prescindir, es una adicción. Somos pues adictos a respirar, a comer, a dormir, a soñar e incluso a pensar. Adicciones peligrosas, especialmente la última. Y todo aquello que no es necesario pero que nos produce sensaciones agradables �lo que, lógicamente, nos conduce a ellas�, también. Me declaro entonces adicto a la lectura, la música, la conversación o incluso la Coca�Cola. Y, por supuesto, a internet. ¿Tantos psicólogos hay en paro? ¿Tantos psiquiatras con divanes vacíos? Sin necesidad de recurrir a la casi siempre hermética terminología médica, sólo con un diccionario, podemos leer: «Adicción. Hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna droga tóxica, o por la afición desmedida a ciertos juegos». ¿Droga tóxica? No digo que no, pero para ello tendría que licuar la batería del portátil y pinchármela, y no estoy por la labor. ¿Afición desmedida a ciertos juegos? No se referirán al fútbol, no. Ni a jugar con un gobierno para cobrar por todo, de forma desmedida e irrefrenable. Creo que no se refieren al canon tampoco esta vez, pero allá que van a endosárselo también a los proveedores de acceso, a poco que nos descuidemos. Y lo lograrán, porque no levantamos la vista de la pantalla, ajenos a todo. Somos adictos a internet pero ellos son adictos al dinero. Más peligrosos. Cuidado. Póngamos las témporas contra la pared por si acaso.

2005-03-11 01:00 | joven | 0 Comentarios | #

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