No sabemos qué hay detrás, pero podemos darnos el gusto de llenarlo de pintadas. Blog sobre Ciencia, Tecnología y Política que, como luz y materia tras el Muro, son casi la misma cosa.
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> Los fantasmas del Windsor <

Comentario publicado en El Día de Tenerife, Miércoles 23 de Febrero de 2005

No me resisto a comentar la noticia de la semana, y más con la de connotaciones informáticas que arrastra. Supongo que tanto ustedes como yo se gozarían -esta expresión idiomática canaria es malévola en grado sumo para quienes no la conozcan- del espectacular incendio de la madrileña torre Windsor. La fortuna hizo que no hubiera víctimas personales y quitó dramatismo al suceso, así que el personal asistió bastante entretenido -reconozcámoslo- a la improvisada y monumental falla en el centro neurálgico de la capital del Reino. Hay quien dice no sin ironía que era un último intento de convencer a los prebostes del COI de la capacidad organizativa madrileña, improvisando una antorcha olímpica de dimensiones colosales. Otros, con cierta cultura histórica, hablan de un melancólico Gallardón tocando la lira en su despacho del ayuntamiento, sabedor de lo poco que le queda ante la cólera de Aguirre. ¿Y los fantasmas? ¿Quiénes eran? ¿Extraterrestres ignífugos? ¿Bomberos descarriados? ¿Apasionados y ardientes amantes? Yo tengo mi propia teoría, basada en la experiencia. En la inexperiencia, más bien. Es un secreto a voces que muchas de las empresas que habían alquilado sus oficinas a los propietarios del Windsor han perdido todo. Y cuando me refiero a todo, no me refiero tanto a los papeles, cosa inútil ya en estos tiempos -salvo la prensa, disculpe señor Director-, sino a los registros informáticos. Hablan de que uno de los más importantes bufetes de abogados españoles... no tenía copias de seguridad de sus archivos en servidor alguno fuera del edificio. Si esto es cierto, imaginen el desolador panorama. Una de las consecuencias "positivas" de los atentados del 11 ése fue precisamente la de alertar a las grandes corporaciones de la necesidad de proteger sus datos más valiosos. No parece que todos aprendieran esa lección y, puestos a reducir gastos y aumentar beneficios, obviaron lo evidente. No aplicaron el dicho de que "cuando veas quemar las barbas de tu vecino, pon las tuyas en un servidor situado a una distancia equivalente a la necesaria para confeccionar los puños de las togas de los abogados." Vulgarmente a hacer puñetas. Así que pasó lo que pasó. Quién sabe si fueron un par de informáticos con contrato temporal los que, disfrazados de bombero y con valor torero, entraron en la pira bien surtidos de tongas de deuvedeses -qué pastón en canonjías para la patronal de los músicos progresistas- y, desafiando fuego y sentido común, comenzaron como posesos a tostar -divertida paradoja- expedientes, declaraciones, recursos, notificaciones, balances, sumarios y cualquier otra suerte de imperativo legal. Espero que al menos salvaran también las tiras de Dilbert.


2005-02-19 01:00 | joven | 0 Comentarios | #

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