No sabemos qué hay detrás, pero podemos darnos el gusto de llenarlo de pintadas. Blog sobre Ciencia, Tecnología y Política que, como luz y materia tras el Muro, son casi la misma cosa.

> Dios, el diablo y la aventura [Libro] (Reseña) <

“Dios, el diablo y la aventura” por Javier Reverte, 2001



Fascinante.
Supongo que como a muchos otros lectores, el descubrimiento de la figura del misionero jesuita castellano Pedro Páez ha sido toda una sorpresa. No tenía ni idea de su existencia, y a raíz de la publicación –y la lectura por parte de algunos- de mi propia novela El templo del cielo;, hubo quien me recomendó este pequeño gran libro escrito por el incansable viajero Javier Reverte. No me ha decepcionado en absoluto y agradezco de corazón la recomendación.

Javier Reverte –qué bien escribe este hombre- bucea en la vida de un casi desconocido jesuita del siglo XVI-XVII, Pedro Páez que, entre otras cosas insignificantes, es considerado como el primer europeo que alcanzó a ver las fuentes del llamado Nilo Azul, uno de los dos grandes ramales junto con el Nilo Blanco que, a partir de la sudanesa ciudad de Jartum, conforman el impresionante río africano. También es el primero que nos cuenta a qué sabe el café, mucho antes que el sobrevalorado George Clooney. Páez fue otro tipo de héroe, de los de verdad.

El que me haya leído un poco (así, en singular, uno) sabrá de mi admiración por las gestas jesuitas de aquella época. No tanto por su carácter religioso, sino por la carga de aventura y de desafío personal que representaron, amén de la singular naturaleza de las mismas. Siguiendo los consejos del fundador de la Compañía, Ignacio de Loyola, muchos hombres sabios se adentraron en lo desconocido, tanto en el Nuevo Mundo como en los más antiguos –Asia y África-, armados sólo de su fe y de un talento poco común. Políglotas, diplomáticos, científicos, literatos… dominaban casi cualquier rama del saber humano con el fin último de convencer a los más extraños reyes y emperadores de los más lejanos lugares de la fe verdadera. Y así lo hizo Francisco Javier en Japón, y luego Matteo Ricci en China, por ejemplo. Y los que le siguieron, -los que centran mi propia novela citada-, como los padres Adam Schall o Ferdinand Verbiest, convertidos de facto en la mano derecha (e izquierda) del mismísimo emperador de los chinos. ¡Cómo hubiera cambiado el mundo –difícil saber en qué dirección- de haber logrado sus propósitos! De aquellas aventuras nos quedan sus escritos –qué magnífica costumbre, la correspondencia jesuita-, con sus avatares, experiencias, descripciones, vivencias y un sinfín de prodigios.

No conocía la enorme figura –paradójicamente humilde- de Pedro Páez. Ni yo, ni por lo visto y según nos cuenta Javier Reverte, casi nadie. De la mano del viajero convertido en escritor (o a la inversa) uno puede sumergirse en el África de aquella época incierta, del choque de religiones, de las cruentas batallas y las costumbres singulares de los que la habitaban. Pedro Paéz (1564-1622) fue el gran consejero del emperador etíope, Susinius, y uno de los misioneros jesuitas más destacados de su época. Sin embargo, apenas hemos tenido noticias de quién fue y qué hizo, y posiblemente podamos homenajearlo ahora gracias, precisamente, al libro de Javier Reverte. Al menos, por lo que puedo ver, este libro que tengo en mis manos vio la luz en el año 2001. Y consiguió que Pedro Páez recibiera poco después reconocimiento en su propia villa natal –Olmeda de las Fuentes- pasados tantos años, así como la traducción al castellano de su magna obra que lleva el conciso título de Historia de Etiopía, y que acaba de ser editado. Antes sólo teníamos -tenía Reverte y unos pocos más- noticia de su versión portuguesa, así como de algunos escasos textos entresacados y utilizados por eruditos de la época, como mi admirado y nunca bien ponderado Athanasius Kircher, el hombre que lo sabía todo.

Y según he terminado el delicioso Dios, el diablo y la aventura, llega a mis manos un nuevo reto lector firmado por Javier Reverte, Un otoño romano en el que espero encontrarme de nuevo con la apasionante capital italiana. Ciudad que también yo mismo intenté reflejar –más casualidades- en mi anterior novela El castillo de las estrellas. Y sí, coincido con el propio Reverte aún más: pocos sitios tan sugerentes como el Campo de Fiore: la hoguera de Giordano Bruno junto al ocio de los jóvenes romanos. Toda una maravillosa paradoja.

2014-11-18 20:47 | joven | 0 Comentarios | #

> El asesinato de Pitágoras (libro, reseña) <

El asesinato de Pitágoras por Marcos Chicot. Duomo Ediciones, Barcelona 2013



Acabo de terminar, y he de reconocer que me la he leído de un tirón, la ya exitosa novela El asesinato de Pitágoras, escrita por el madrileño Marcos Chicot. Sentarme a escribir una reseña me produce una pereza extraordinaria, pues prefiero dejar el poco tiempo libre del que dispongo a leer otros libros –estupenda también la última de Lorenzo Silva, que ha caído esta semana- e, incluso, a escribir mis propias cosas, que avanzan a paso de quelonio. Pero esta novela ha activado en mi cabeza ciertos resortes, y vaya usted a saber si esos mismos resortes han puesto en marcha otros que, al final, me mueven los dedos sobre el teclado.

Está de moda matar gente. En realidad, siempre ha estado de moda, tanto llevarlo a cabo como contarlo después. En realidad, y en ficción. La novela thriller se impone de nuevo, y casi se come a la histórica. Si, además, el autor es lo suficientemente hábil como para mezclar ambos géneros, tendrá alguna remota probabilidad de que su obra tenga éxito. Y estamos en ese caso. Lo improbable no es imposible, y lo increíble a veces se convierte en real. Todavía más extraño resulta si une lee los avatares de la publicación de este asesinato novelado. Premiada como finalista en el desprestigiado premio Planeta, se quedó en un cajón y no fue publicada como debería. Supongo que Chicot no sale en la tele muy a menudo, ni hace cameos en la saga de Torrente ni mucho menos política. Simplemente, escribe ameno y bien, lo que no es condición suficiente –ni tan siquiera necesaria- para que una editorial de postín se tome la molestia de arriesgar unos pocos euros para poner en marcha la imprenta. Dice la leyenda que Chicot tomó la calle de enmedio y la puso en internet a un precio simbólico. Lo demás ya lo saben. Un número casi infinito de descargas (¿un millón?) y casi tantos de lectores –estos números nunca coinciden ni de lejos, pero alguna relación guardan en ocasiones-, y de ahí el reconocimiento casi unánime: la novela es jodidamente buena.
Aunque no oro todo lo que reluce y tampoco es un caso normal, ni mucho menos. Ahora parece que el panorama de Marcos Chicot se presenta más despejado con el siguiente volumen de una continuación (La hermandad) a punto de ver la luz. Ya tiene editorial de papel y todo resulta más fácil y más clásico. De hecho, yo mismo después de leer El asesinato de Pitágoras en su versión Kindle, me molesté –o, en otra palabras, premié al autor- en adquirir la versión impresa junto con un par de decepciones añadidas en el lote. O tres. La primera, su precio, que no se justifica después de que internet hubiera hecho ya todo el trabajo sucio. Veinte euros es demasiado. La segunda, el volumen en sí, en su sentido físico. Nunca comprenderé ese empeño de muchos editores en engordar libros como si todos los autores fuera Ken Follet y, en mi opinión tan modesta como discutible, meterle casi 700 páginas –unos cuantos árboles- la hace terriblemente incómoda de leer. Y la tercera decepción es el formato físico: la editorial agraciada con el contrato de Chicot –creo que algo así como Duomo Ediciones- no se ha molestado mucho en hacer su trabajo. Los errores manuscritos del autor no se han corregido en la versión impresa. Cortar y pegar no justifican 20 euros. Un ejemplo al vuelo: "Ariadna retrocedió como si intentara evitar que la pegaran…” (Página 268 de la edición impresa). Si un corrector editorial es incapaz de purgar los horrísonos laísmos, mal vamos. Al menos, que se ganen el precio que ponen. Pase que el autor sea madrileño y no pueda estar en todo… pero la edición en papiro es en Barcelona.

Volvamos al tema principal, antes de que me disperse de forma completa e irreversible. El asesinato de Pitágoras es, como su nombre indica, una novela de crímenes en un formato histórico. Todo bien dicho y explicado en dos palabras clave. Sin intención de destripar el argumento, el autor pone en situación, en la antigua Crotona –sur de la península itálica, ciudad estado griega-, al famoso sabio Pitágoras, del que los libros de ciencia e historia nos pueden contar bien poco. El ejercicio de imaginación de Chicot para trasladarnos a la época está más que conseguido, y la acción –trepidante por otra parte- casi no nos permite dejar de lado el libro durante más de un día. Tampoco inventa la rueda: un detective egipcio (un concepto chirriante en la época histórica descrita, pero totalmente lícito) es contratado (más chirridos) para resolver misteriosos asesinatos dentro de la secta o comunidad pitagórica. El asesinar miembros de comunidades religiosas y recurrir al Sherlock Holmes de turno es un recurso bastante manido en muchas novelas, sobre todo desde la aparición de la inmarcesible e insuperable El nombre de la Rosa, de Umberto Eco. Yo mismo, sin ir más lejos, he caído en esa tentación con mi última novela, aunque a la vista está que con mucha peor suerte que Chicot (lógico, la suya es una novela muchísimo más entretenida que la mía de largo). Con estas premisas transcurre la acción, y transcurre muy bien.

Como valor añadido a la novela, el autor también introduce elementos externos -o extraños- que resultan muy de mi agrado. En concreto, hay varias explicaciones matemáticas y filosóficas que, lejos de aburrir al lector, aumentan la comprensión de los textos. Escribir sobre Pitágoras casi obliga a ello, y Chicot no lo rehúye. Así, aparecen y se explican conceptos tales como el propio teorema que lleva su nombre –obvio-, el número áureo, el concepto de pi, o la aparición en la época de los números irracionales. Aunque no es un libro mixto de intriga o divulgación (tal vez ahí yo me aplaudo con las orejas, que un día propicio parí El castillo de las estrellas, no sobra nada de lo que contiene. Eso sí, para los que quieran saber más de la vida real y las aportaciones de Pitágoras, desde aquí les recomiendo el excelente Pitágoras: El secreto encerrado en tres paredes, escrito por Marcos Jaén Sánchez en la serie Grandes Ideas de la Ciencia de RBA.

Termino ya esta reseña con unas pinceladas sobre el estilo narrativo de Marcos Chicot: rápido, directo, parco en descripciones innecesarias, creíble e inteligente. Utiliza una técnica –por definirla de alguna manera- tan certera como puñetera, en especial cuando la novela está avanzada. Capítulos cortos que terminan en alto, con todo por ocurrir y sorprender. Y que se alternan con otros capítulos, igualmente cortos, de las tramas paralelas que acaban de la misma forma. Así que al lector no le queda otra que consumir compulsivamente uno tras otro, porque no le da tiempo a respirar. No sé si es a esto a lo que los anglosajones denominan page-turner, pero si no lo es se le debe de parecer mucho. Y funciona hasta el final. Por poner alguna pega –sin laísmo añadido- es que en ocasiones, muy pocas, la narración es previsible e incluso algo naif. Por ejemplo, el increíble y malísimo gigante más propio de un cuento de hadas, o las escenas de sexo y batalla, que parecen copiadas de manuales de… novelas de sexo y batallas. Pero la novela se resuelve con sorprendente buen tino, y fruto de ello, supongo, es que tiene continuación. A punto de aparecer.
Así que, recurriendo al tópico, no me queda otra cosa que terminar diciendo aquello de una novela imprescindible. Y ya sin tópicos, simplemente recomendar su lectura.

Algún enlace interesante de Marcos Chicot aquí

2014-10-05 21:03 | joven | 0 Comentarios | #

> [Libro] Mercury (Atlas de Astronomía) <

Mercurio


Acaba de llegar a mis manos la primera parte (del primer volumen) de lo que se me antoja como la enciclopedia definitiva en lo que a Astronomía se refiere. Editado por mi amigo y compañero Terry Mahoney, y publicado por Springer, contiene casi TODO lo que uno puede querer saber sobre el primer planeta, Mercurio, y tal vez un poco más, o mucho más.

Bajo el título genérico de "A compendium of the Astronomical Lexicon" Springer publicará una obra de siete volúmenes en la llamada parte A (Gazetteer and Atlas of Astronomy). El primer volumen, dedicado a los planetas interiores, consta a su vez de tres partes: (a) Mercurio -el presente libro-, (b) Venus y (c) Marte. El segundo volumen se dedica íntegramente al sistema Tierra-Luna; El tercero a los gigantes gaseosos (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). El cuarto a asteroides y meteoritos, el quinto a los objetos transneptunianos y afines (cinturón de Kuiper y Cometas), el sexto a estrellas, nebulosas y galaxias y el séptimo y último es un compendio resumen en forma de Atlas. Toda una proeza, un proyecto ambicioso que, a juzgar por este primer libro -nada menos que 325 páginas con todo tipo de información relacionada con Mercurio- se me antoja como un prodigio de paciencia y erudición a la antigua usanza que es todo un gusto ojear y leer.

En relación con este primer libro de la serie, dedicado exclusivamente a Mercurio, se recoge en él no sólo su historia, sino también toda su cartografía conocida. Únicamente dos sondas se han acercado hasta él, la Mariner 10 -lanzada en 1973 y que lo sobrevoló en tres ocasiones- y la Messenger, igualmente lanzada al espacio por la NASA en 2004 y en órbita mercuriana desde marzo de 2011. Si todo va bien, a ella se unirá la misión europea BepiColombo, en principio prevista para 2015 tras algún retraso. BepiColombo alcanzará Mercurio el año 2020. Desde el año 2009, tras la tercera pasada de la Messenger, casi el 98% de la superficie mercuriana ha sido cartografiado. De acuerdo con las premisas de la UAI, se ha seguido el criterio de asignar los nombres de sus accidentes a artistas, pintores, escritores o músicos relevantes como norma general. Así, las grandes áreas que lo dividen se conocen con apellidos tan ilustres como Debussy, Neruda, Miguel Ángel o Beethoven, por ejemplo. Y sus casi innumerables cráteres, por ejemplo, han de nombrarse con este criterio general. Así, podemos encontrar un cráter dedicado a Francisco de Goya, otro a Velázquez y, ya en el siglo XX, los cráteres Dalí y Gaudí. Por lo que veo, aquí se termina la contribución española...

En cualquier caso, un libro-atlas precioso que seguro gustará a muchos aficionados a la astronomía. La referencia de Springer puede encontrarse aquí.

2014-06-09 20:02 | joven | 2 Comentarios | #

> Diez palabras del Manuscrito Voynich… ¿Muchas, pocas o ninguna? <

La noticia ha saltado rápido a los periódicos, y es la tercera en un mes relacionada con mi/nuestro manuscrito indescifrable favorito. Primero fue un nuevo estudio acerca de su naturaleza como lenguaje real de acuerdo a patrones estadísticos (algo que ya se sabía). Luego apareció la noticia acerca de su supuesto origen ¡azteca!, basado en ciertas suposiciones sobre la naturaleza de las plantas que aparecen en varios de los grabados. Estas dos primeras noticias no aportaban grandes novedades. Los titulares de la prensa de hoy –aburridos de problemas, matanzas, política y fútbol-, son mucho más sensacionales. O sensacionalistas. Como mínimo, del estilo Un lingüista asegura haber descifrado el misterioso idioma del manuscrito Voynich y de ahí para arriba. Aquí la noticia original en inglés. Supongo que dicho lingüista –un tal Stephen Bax, que trabaja en la Universidad de Bedfordshire, allá en el Reino Unido-, vivirá con un tremendo susto en el cuerpo con todo el revuelo que ha formado. Pero vayamos por partes.

Bax presenta su trabajo a través de su página web aquí enlace y de una conferencia que hará pública el 25 de febrero. Con todo el suspense. Imaginen. De todas formas, se supone que el contenido de tal presentación no distará mucho del contenido de otra presentación de unos cuarenta minutos que el propio lingüista ha subido a YouTube y que empotro aquí debajo. También hay un documento completo bastante exhaustivo al respecto en su web personal para entrar en más detalle acerca de los descubrimientos, si lo son, de Stephen Bax.





¿Y qué ha hecho de novedoso Stephen Bax?

Según sus propias palabras, Bax es un reputado lingüista y buen conocedor de la botánica. Su método de trabajo remeda, en cierto modo y guardando las distancias, al usado por Champollion en sus trabajos con la piedra Rosetta y los jeroglíficos egipcios. Allá donde veamos el nombre de un faraón –en nuestro caso el de una planta- buscaremos similitudes con diversos lenguajes conocidos, y en el mejor de los supuestos podremos encontrar algo “parecido”. Con este, en apariencia, sencillo método, Stephen Bax afirma haber podido traducir fiablemente… diez palabras. ¿Poco, mucho o nada? Todo depende. Hasta ahora, ninguna palabra o conjunto de signos ha sido traducido de forma medianamente fiable en el Manuscrito. Bax ha encontrado plantas con claras similitudes en su aspecto físico con las ilustraciones que presumiblemente las representan dentro del Voynich, y atendiendo a raíces árabes y otros lenguajes bastante crípticos ya de por sí, encontrado patrones comunes. Pero nada más que nueve conceptos herbales… y uno astronómico que, personalmente, es el que más me gusta.
Stephen Bax parece haber encontrado la palabra Taurus en una de los grabados denominados “astronómicos” del Voynich. La explicación, con todas las dudas que podamos sembrar, es plausible. Siete estrellas dibujadas junto a la palabra (las Pléyades, bien conocidas en la constelación de Tauro) y signos comunes con aquéllos utilizados en los nombres de plantas. ¿Cierto, arriesgada suposición, mera casualidad? No lo sabemos aún, y el mismo Stephen Bax se aleja prudentemente de cualquier tipo de triunfalismo. O eso me parece a mí, que esta vez no se trata de un mero charlatán. Bax concluye una serie de resultados, y otra serie de especulaciones, que es de recibo recoger aquí con todo tipo de prudencia:

TAURUS

- Se habrían identificado hasta 10 palabras diferentes y 14 signos (o grupos de signos) que representarían ciertos sonidos. Por ejemplo “K”, por decir el más nítido entre ellos.
- El manuscrito no sería, por tanto, una falsificación ni un “fake” de cara a engañar a nadie y sacarle los cuartos (recordemos a Rodolfo II y sus excentricidades, Tycho y Kepler incluidos). Ni tampoco sería un libro cifrado en absoluto. Sería, simplemente, un libro con dibujos, palabras y signos, principalmente dedicado a justamente lo que parece: naturaleza, astronomía, botánica. Tal vez medicina de la época medieval (siglo XV, tanto por los contenidos como por las recientes dataciones del pergamino: en torno a 1430 década arriba, década abajo)
- Nos encontraríamos, simplemente, frente a un lenguaje antiguo y desconocido. Con omisión de vocales y otras particularidades cercanas al árabe y a influencias de Oriente Próximo e India, y con contenidos próximos a la cultura occidental. Posiblemente creado por un grupo reducido de personas e inventado a partir de un lenguaje fonético ya existente. Dicho lenguaje verbal habría desaparecido y su transcripción escrita no habría llegado a coger la fuerza necesaria como para popularizarse. Podría incluso que el Voynich sea el único libro escrito en… voynichés.

La próxima tarea, como propone Stephen Bax, sería la de mover a la comunidad lingüística a un análisis mucho más concienzudo de los textos basado en las premisas que él afirma haber encontrado. De momento plantea una conferencia internacional en Junio de este año en el mismo Londres. Que pueda hacerlo o no, es un incógnita. En cualquier caso, posiblemente nos encontremos ante la primera aproximación con cierta posibilidad de éxito en la historia de intentos de traducción del Manuscrito Voynich. Descartadas ya otras teorías –como el “fake” o su relación con América- gracias a la fiable datación física llevada a cabo en 2011, apenas nos queda ya margen también para la teoría del cifrado, también posterior en datación y métodos.

¿Y mi opinión personal?
Si sirve de algo, y ya que la Wikipedia inglesa tiene a bien citarme en su entrada del Voynich como autor de una de las novelas más populares a las que ha dado lugar su misterio, mi opinión es que todavía tenemos un largo trecho hasta conocer cualquier parte significativa de sus páginas. Y que, de igual forma, todavía hay tiempo para seguir soñando con ignotos secretos dentro de sus páginas.

Tal vez Bax no haya acertado ni una.

2014-02-20 22:45 | joven | 0 Comentarios | #

> ¿Qué ven los astronautas cuando cierran los ojos? (Reseña) <

¿Qué ven los astronautas cuando cierran los ojos? Historias de astronautas, bombas atómicas y cerebros. Por Antonio Martínez Ron, editado a través del proyecto de financiación colectiva en la plataforma Lánzanos con, según el propio libro, un 138% del objetivo conseguido. Que a estas alturas será mucho mayor.




Fruto de una iniciativa curiosa, y de mi propia curiosidad inicial, me animé a apoyar la edición de este libro, escrito por Antonio Martínez Ron, a la sazón periodista científico de contrastada calidad y especialmente popular en medios digitales. El término contraste es obligado en internet, donde tan bueno es que se extienda la divulgación sin freno, como poner freno a determinados tipos de divulgación sin ningún tipo de base… científica. Antonio colabora en distintos medios, mantiene varios blogs –yo lo conozco principalmente de la lectura de Naukas, pero tiene más- y parece un tipo muy emprendedor a la par que riguroso en estos ámbitos. El libro objeto de esta modesta reseña no es más –ni menos- que una compilación de una serie de artículos ya publicados, pero dado que yo no los conocía en su mayoría, como por la valentía de hacerlos circular en el ya desdeñado papel, me atrajo especialmente a su lectura. Y no erré.

Desde la primera página se nota que Antonio es periodista. Y desde la primera línea que no es científico. Y esto lo digo en el sentido positivo de ambos conceptos. Se explica con claridad meridiana –buen periodista- y además no aburre en ningún momento. Para este segundo objetivo rechaza de plano el uso de términos técnicos, o de ecuación o formulación matemática alguna, y lo consigue sin banalizar los contenidos, saliendo airoso en el intento. ¡Ay de aquellos empeñados en explicar la física cuántica usando como referencia el pan de molde! El contenido del libro es heterogéneo aunque, como indica en el subtítulo, se centra principalmente en historias y anécdotas relacionadas con el espacio, la guerra fría y también la neurología, campo este que parece dominar particularmente. Algunos temas son más conocidos –al menos para mí los primeros, que no dejo de leer ningún artículo de mi increíble vecino Daniel Marín-, otros que desconocía me han resultado apasionantes –como los relacionados con el mundo del cerebro- y, por último, los siempre interesantes dedicados a la física nuclear, aunque ésta es tratada desde su faceta más política y socialmente desagradable. Dentro de ellos, me ha tocado la fibra especialmente el dedicado a los experimentos españoles bajo los Pirineos, cuya lectura me ha hecho recordar con cariño los ya lejanos tiempos universitarios (*)

Resumiendo para no aburrir al personal que pueda leerme ni engordar más allá de lo justo el orgullo del propio autor –que por otra parte ha de sentirse merecidamente orgulloso por el trabajo que ha realizado-, un libro que enseña, entretiene y nos deja contentos hasta la semana que viene. Como el de Petete, pero sin Pedro Ruiz, así que no podemos pedir nada mejor.

(*) Antonio recuerda en su historia “Hay gente en el túnel” el comienzo de los experimentos de física atómica y nuclear en el túnel del “canfranero”, nombre popular que los aragoneses damos al tren que unía Francia y España bajo los Pirineos, y cuyo cierre supuso una oportunidad única para este tipo de investigaciones auspiciadas por la Universidad de Zaragoza. En aquellos años (1985-86) yo estudiaba físicas en la universidad de mi ciudad natal, y tanto el añorado profesor Ángel Morales como el inolvidable profesor Núñez-Lagos solicitaron la ayuda de los estudiantes para colaborar en las tareas del incipiente laboratorio. Lo que en clase se denominaba “búsqueda de la desintegración doble-beta del neutrino” se traducía en las profundidades de la montaña oscense en la ingrata colocación de ladrillos de plomo, cual operarios en la mina. Pero no faltaron voluntarios entre mis compañeros para la tarea (yo no fui, y eso que me perdí). Más tarde vinieron las suspicacias locales, mencionadas en la narración, así como la vergonzosa publicación en un medio informativo de un artículo alarmista que poco menos llamaba a la rebelión contra quienes supuestamente podían hundir el túnel bajo un hongo nuclear. De forma colectiva se hizo llegar al periódico –por parte de los alumnos- un artículo aclaratorio que fue tildado por dicho medio de panfleto y a sus autores de poco más que de imprudentes niñatos. Por fortuna, este periódico –que no citaré aquí- cambió bastante con los años en lo que a política de divulgación científica se refiere.

2014-02-03 21:48 | joven | 1 Comentarios | #

> Más (humor profético) sobre Madrid 2020 <

No puedo dejar de copiar y pegar aquí un trocito de mi primera novela, sobre todo después de la que está liada con la absurda experiencia de Madrid 2020 y sus pretendidos -por pretenciosos- Juegos Olímpicos. Lo curioso es que lo que sigue -así como toda la novela El Libro Horrible- fue escrito en el año 2001 y el libro publicado en 2002. Ya ha llovido y seguimos en las mismas o peores. Aprovecho, ya que estamos aquí, para volver a agradecer a Difácil Editores esa primera oportunidad de ver la luz. Y si pueden vender algún ejemplar más, estén donde estén esos horribles libros, sea.

...Sólo desde el aire era posible hacerse una idea de la magnitud de aquellas construcciones. Aquello no podía ser una ciudad corriente. Tenía que estar levantada a imagen y semejanza del núcleo primordial o centro de algún arcaico e increíble capítulo de la historia terrenal, cuyas ramificaciones exteriores, sólo vagamente recordadas en los mitos más oscuros y deformados, se habrían desvanecido totalmente en medio del caos de las convulsiones terrestres, mucho antes de que cualquier raza humana conocida saliera con paso vacilante del mundo de los simios. Aquí se extendía una inacabable megalópolis paleógena, en comparación con la cual las fabulosas Atlantis y Lemuria eran aldeas; durante kilómetros sin límite se extendía en cualquier dirección aquel laberinto de titánicas torres, columnas ciclópeas, pétreas grotescas estructuras, muros, puentes y nervios de vidrio y acero que unían, de modo siniestro y amenazador, la terrible ciudad con aquel reino de repugnancia y maldad.
- Se nos ha ido la mano, pero ya está hecho -dijo Hastur para justificarse-. Más vale que sobre que no que falte -añadió.
Como la cosa no tenía remedio, y Barajas era ya tres veces más grande que el propio Madrid, el Gobierno decidió –con el inestimable apoyo de la Monarquía, siempre antes que nadie con los deportistas-, otorgarle la categoría de capitalidad del Reino de España. Al fin y al cabo, Madrid no había dejado nunca de ser una villa, y la imagen de villanos podía dañar la candidatura olímpica. Por cierto que, como es natural, ésta pasó a denominarse Barajas 2012, y para apuntalarla se incluyeron como deportes de exhibición el guiñote, el mus, la brisca, el chinchón y la canasta. Un severo control antidopaje garantizaría la limpieza de estas competiciones y daría un lustre de seriedad a las nuevas disciplinas. Además, se invitaría a los equipos de la NBA a participar en la última de las mencionadas.



2013-09-09 16:58 | joven | 0 Comentarios | #

> Rompecabezas 3D <

Publicidad subliminal (descarada)...
Y ahora os presento un puzzle:

2013-07-07 20:32 | joven | 0 Comentarios | #

> El Sol a lo largo de la historia (libro) <

Una recomendación, que no conocía, y que me vino por sorpresa en forma de regalo. Para los amantes de la astronomía en general y del astro Sol en particular, de Springer (algo carillo), el libro The Sun Recorded Through History (el enlace es de Amazon, para hojearlo, editado en 2010, también aquí en la propia editorial). Es un compendio detallado de la historia de las observaciones solares a lo largo de los años, incluyendo las nociones más elementales -y algunas no tan elementales- de lo necesario para observar y comprender el Sol. Está escrito por los españoles J. M. Vaquero y mi compañero y amigo M. Vázquez. Ciclos solares, manchas, eclipses, tránsitos y tantas otras cosas...


2013-07-03 00:24 | joven | 1 Comentarios | #

> Presentación "El templo del Cielo" en La Laguna <



presentacionAteneoLL


2013-06-23 23:34 | joven | 0 Comentarios | #

> Trucos de lógica: el examen sorpresa <

Este mes de junio aparece en el Investigación y Ciencia un curioso problema propuesto por Alejandro Pérez Carballo. No me resisto a reproducirlo aquí y a animar a los posibles lectores de esta entrada del blog a plantear su solución en los comentarios. Solución o soluciones que el mismo Alejandro Pérez promete hacer públicas en el ejemplar del mes de agosto. Por mi parte, ofrezco dejar aquí las propuestas. E incluso me comprometo a regalar un libro (obviamente, uno mío de El templo del cielo, con dedicatoria y todo, a aquella solución que me resulte más acertada. Allá va:

El examen sorpresa: El uno de enero, la profesora de un curso de lógica anuncia a sus alumnos lo siguiente: "Este mes voy a hacerles un examen sorpresa". Antes de que la clase continúe, Olivia levanta la mano: "Disculpe, profesora, pero algo así no es posible. En primer lugar, sabemos que el examen no podrá tener lugar el último día del mes: si llegado el día 30 no hemos realizado ninguna prueba, sabremos que usted la convocará al día siguiente, por lo que no sería ninguna sorpresa. De modo que, a lo más tardar, deberemos hacer el examen el día 30. Pero entonces podemos inferir que este tampoco tendrá lugar el día 30, ya que si al final del día 29 no hemos hecho ningún examen, sabremos que deberá usted convocarlo el día 30... por lo que tampoco sería una sorpresa. Iterando este razonamiento para los días 29, 28, etcétera, podemos concluir que es imposible que nos haga usted un examen sorpresa este mes".

Ahora bien, todos sabemos que es posible hacer un examen sorpresa, por lo que debe de existir algún fallo en el razonamiento de Olivia. ¿Dónde está el truco de esta lógica tan paradójica?



2013-06-15 20:50 | joven | 6 Comentarios | #

> La aventura de evangelizar China <

Lo que sigue a continuación no es más que una nueva auto-referencia a mi novela El Templo del Cielo, y un agradecimiento a el diario El País por hacerse eco de su reciente aparición. Gracias a la redactora, Rossana Silva, y también al fotógrafo Cristóbal Manuel, autor de la fotografía que aparece al pie de esta entrada.

Puede encontrarse y leerse el artículo completo aquí


"Si Enrique Joven fuera librero, le resultaría difícil elegir en qué estante colgar su tercera obra, El templo del cielo (Roca Editorial), una mezcla que abarca novela histórica, ficción, ciencia y aventura. “Habría que inventar un género: novela histórica con divulgación científica. Probablemente tendría que estar entre dos estantes”, imagina. Por suerte, Joven (Zaragoza, 1964) no es librero sino un autor que intenta acercar dos mundos que para el sentido común pueden sonar antagónicos: las letras y las ciencias. En su día a día como físico se gana la vida diseñando y construyendo instrumentos para telescopios en el Instituto de Astrofísica de Canarias. En los ratos libres (y no es que sean muchos), se dedica a escribir ficción. “En la universidad siempre había la pregunta clásica de si te ibas por el lado de la ciencia o el de las letras, como si fueran cosas completamente apartadas”, recuerda el escritor. “Como me gustan los dos campos, decidí escribir algo que tuviera que ver con mi profesión (físico), e incluir en las novelas cosas que el lector no está acostumbrado a leer”.

El templo del cielo narra la epopeya emprendida por un grupo de jóvenes científicos jesuitas europeos que en el siglo XVII partió de Portugal rumbo a la China con la ilusión de evangelizar aquel territorio ya entonces superpoblado por unos 200 millones de personas. El plan consistía en utilizar sus avanzados conocimientos en astronomía para acceder al entorno más cercano del emperador, un hombre de quien se esperaba la predicción de todos los eventos que sucedían bajo el cielo. De Nurhaci se esperaba, por ejemplo, que anticipara la fecha en que ocurrirían eclipses, para lo cual contaba con la ayuda de los sabios de entonces. Pero incluso a ellos resultaba difícil tal tipo de adivinaciones. Una historia curiosa, poco conocida y más real de lo que puede aparentar. “Todos los personajes, excepto el narrador, son reales”, aclara el autor. Y afirma que son verídicos todos los hechos del libro, “incluso algunos que parecen muy extraños”. “He añadido varios elementos de ficción más que nada para enlazar con mi novela anterior, El castillo de las estrellas” (sigue en el enlace...)"


2013-06-12 21:03 | joven | 0 Comentarios | #

> Eso que no entiende nadie <

Amablemente los amigos del periódico digital Eldiario.es me invitaron a escribir un artículo en relación con la (penosa) situación de la investigación científica en España. Como ha tenido algún eco positivo en las redes sociales, y como no está de más recopilar o recoger los frutos que uno mismo produce, reproduzco una parte a continuación.

El artículo completo puede encontrarse aquí.






" Vaya una estupidez, dar un premio a eso que no entiende nadie. Esta frase, recogida al vuelo en una cafetería cualquiera por un buen amigo, refleja con crudeza y realismo dónde se encuentra España en lo que a política científica se refiere. Como ya habrán intuido, no es más que un comentario anónimo de un español anónimo al enterarse por la televisión de la concesión del premio Príncipe de Asturias –rama de Ciencias– a la prestigiosa institución científica CERN (Laboratorio Europeo de Física Nuclear) y al padre del bosón de Higgs, Peter Higgs. Esta sentencia condensa en sí misma casi todos los males, algunos endémicos pero otros coyunturales, de la Ciencia en nuestro país. El más terrible, la ignorancia científica generalizada, situación que puede perpetuarse si nuestro sistema educativo no cambia radicalmente de cabo a rabo y deja de primar los intereses de los políticos sobre los de la sociedad.

Pareja responsabilidad en este estado de analfabetismo global la tienen los medios de comunicación –que, por lo general, informan poco y mal de las cuestiones científicas– y, por supuesto, los mismos científicos. Y es que no consideramos como una parte esencial de nuestras obligaciones la divulgación, enfrascados como estamos en publicar compulsivamente, generar méritos de excelencia o rellenar un sinfín de peticiones de financiación aquí y allá sin otro ánimo que conservar la silla –o la muchas veces endogámica cátedra–, que ahora tan peligrosamente se tambalea. Si pensamos que nuestros líderes políticos no son sino una extracción –de mayor o menor calidad– de nuestra sociedad, no podemos esperar nada especialmente bueno en lo que a interés por la Ciencia se refiere..."

2013-06-09 22:42 | joven | 0 Comentarios | #

> Oración por la Ciencia <

Sapientísimo Señor:

Nos encomendamos a ti en estos tristes tiempos de zozobra, presas del desánimo y con el corazón contrito tales son las cuitas que nos afligen. ¿Qué hemos hecho mal como para merecer semejante castigo? Has puesto nuestras mentes y nuestras almas a merced de desalmados y descerebrados, extraños pastores que nos conducen inexorablemente hacia el más negro de los abismos. Ayúdanos tú, Altísimo, puesto que ya ni altezas ni medianías parecen capaces de regir ni regirse. Líbranos de sus huecas palabras, que nos confunden en una babel de ininteligibles promesas. No permitas que usen osadamente tu nombre, asegurando hacer las cosas “como Dios manda, con sentido común y como hay que hacerlas” pero que, al dirigirnos a ellos, parecen hablar aviesamente como por boca del maligno. Aunque no hablan inglés ni latín, esgrimen con astucia conceptos tan abstractos que incluso los mejores de entre los nuestros son incapaces de interpretar, asegurándonos trabajar sin descanso con “vectores de capacidad tractora, centros de fomento de excelencia competitiva estratégica, o indexación en la movilidad exterior del talento y la empleabilidad”. Actúan como piensan, pero no piensan lo que dicen ni dicen lo que piensan. Adoran al dinero, y sólo a él rinden pleitesía, adivinándose nuevamente la ominosa acción del ángel caído en todos sus actos. Planean levantar nuevas Sodomas y Gomorras, con modernos becerros de oro a los que habremos de rendir tributo y tributos, obligándonos a adorar a jóvenes semidioses sudorosos a los que colman de favores y riquezas, mientras nuestros propios jóvenes languidecen en la oscuridad de insanas aulas o tristes laboratorios, sin esperanza ni futuro. Y aquéllos que han tenido la valentía de luchar contra su fatal destino, han de pagar su osadía con el ostracismo o el destierro. Y no se les permite regresar con los suyos, puesto que su valía e inteligencia son temidas como un peligro que podría dejar al descubierto las propias miserias de aquellos que dicen ser los adalides del conocimiento y el progreso. Clamamos al Cielo desde España.

La codicia, bien lo sabes, no conoce límites. Apenas un puñado de esos talentos con que te vendieron bastaría para salvar los propios nuestros. La ignorancia, atrevida y acomodada en sus lujosos despachos, tampoco. En su locura parecen dispuestos a seguir sus dictados, despreciando la lógica de la razón, encerrados en la sinrazón de quien desprecia todo aquello que desconoce y que se niega a conocer. Nos denuestan. Nos humillan. Como a ti, nos gritan: “Sálvate a ti mismo”, sonriendo maléficamente mientras nos imaginan absortos entre retortas y matraces, recuadros y matrices, en la búsqueda de la piedra filosofal que pudiera trocar el más humilde de los metales en oro. Oro que nos sería arrebatado de inmediato, si este suceso milagroso pudiera acaso algún día acontecer. Oro que sería dilapidado nuevamente en sus vicios, en sus caprichos, en sus guerras. Un día, por boca de uno de tus profetas, nos dijiste: “Os he dado la razón y la inteligencia, la ciencia y la tecnología. Podéis usarlas para descubrir y viajar a nuevos mundos o, por el contrario, para destruiros. La elección sólo depende de vosotros”. Ellos ya han elegido, y mientras somos empujados hacia nuestro angustioso final por un guía sordo, ciego y loco, no podemos sino elevar la vista al Cielo, una vez más, y pedirte una señal como prueba de que no nos has abandonado: ¿Tendremos Plan Nacional de I+D en 2013?


2013-05-30 22:26 | joven | 0 Comentarios | #

> Un astrofísico reivindicativo... y otras cosas <

Había dicho que no iba a ponerme más (auto)pesadito... pero estamos en campaña cual político nefasto. Además, no puedo dejar pasar aquí la oportunidad de citar y agradecer a dos tipos estupendos con dos blogs igualmente estupendos de astronomía y/o astrofísica y/o astronáutica como son Paco Bellido y Daniel Marín que, con sus reseñas de El templo del Cielo han conseguido multiplicar por mucho las visitas a esta página.

-> El beso en la luna - El templo del Cielo
-> Eureka - Libro: El templo del Cielo





Las fotos para ilustrar son del blog de Daniel, aunque también podrían serlo del de Paco porque ambos, a diferencia de mí (ejem) han visitado el antiguo observatorio de Pekín (tengo que ir cuanto antes, lo sé!!) Por último, os dejo aquí una entrevista que me hizo en Madrid una periodista de EFE, también con la novela como excusa, pero en la que añado alguna opinión personal. Puede encontrarse en algunos diarios como éste, por ejemplo. La copio y pego a continuación, por si alguien todavía no se ha hartado de mí. Gracias mil.


Un astrofísico reivindica con sus novelas la ciencia frente al oscurantismo

Madrid, 18 may (EFE).- El astrofísico y novelista Enrique Joven cree que la ciencia se encuentra en una situación "terrorífica" y por eso, con su novela "El templo del cielo", quiere hacer una llamada de atención sobre el papel fundamental del conocimiento científico en la historia de la Humanidad frente al oscurantismo. "Entre los investigadores hay un desánimo absoluto no solo por los recortes sino por las generaciones perdidas. Hay un auténtico pánico, es una situación terrorífica", ha indicado en una entrevista con Efe este científico, que se hace eco de una frase que ha leído en las redes sociales en relación a esta situación: "a este paso, la tierra volverá a ser plana". Así, alerta sobre un período muy crítico para la investigación científica en la que la sociedad "se juega mucho", sin que a nadie parezca importarle. Por eso, "El templo del cielo", publicado por Rocaeditorial, es una novela de ficción que explica la realidad científica de otra época con el objeto de llamar la atención de los lectores respecto a la necesidad de no abandonar el interés de la divulgación.

Joven (Zaragoza, 1964) es doctor en Ciencias Físicas y compagina sus tareas en el Instituto de Astrofísica de Canarias con la divulgación científica y la creación literaria. El científico zaragozano retoma en su nueva obra el manuscrito Voynich, un documento sin descifrar que existe realmente y cuyo misterio atrae a los investigadores, pero da un salto atrás en el tiempo respecto a su novela anterior, "El castillo de las estrellas", que situó en el Renacimiento, y viaja a China con las misiones jesuitas. Además del misterioso manuscrito, la mayoría de los personajes son históricos, de tal forma que el único elemento ficticio de "El templo del cielo" son las cartas que un joven misionero escribe a sus compañeros en Roma sobre China, donde acude un grupo de elegidos intelectuales jesuitas, indica Joven. La primera expedición de misioneros jesuitas llegó en 1618, aunque tuvieron que esperar en Macao hasta conseguir entrar en el casi inaccesible imperio chino con el objetivo último de convertir al cristianismo a 200 millones de almas. Pero fueron sus vastos conocimientos, en concreto sobre astrología, los que posibilitaron a estos jesuitas acceder a las más altas cotas de poder, llegando al emperador Wanli, al aprovechar los errores de las predicciones de los astrólogos chinos sobre los eclipses: "fue la ciencia la que les permitió la entrada a China".

En esa época, el Ministerio de Ritos suministraba al emperador los sucesos astronómicos que regían el día a día de los chinos, pero su calendario tenía errores de cálculo graves. "Si los astrónomos, y por tanto el emperador, se equivocaban en la predicción de la fecha de un eclipse de sol, signo de mal augurio para los chinos, su autoridad quedaba en entredicho". De esta forma, los jesuitas "consiguieron hacerse con el control del calendario imperial, el más alto cargo político. Es sorprendente la cantidad de cosas que pudieron hacer en una época y en un país tan hostil hacia lo occidental", asegura el autor. El paso que la ciencia abrió a estas expediciones es para el astrofísico Enrique Joven un ejemplo de la influencia del conocimiento en la Historia, a pesar del fracaso de la misión jesuita que, asegura, no culminó con la evangelización de millones de personas no por problemas en China sino por los planteados desde la propia Iglesia en Roma. EFE


2013-05-19 22:36 | joven | 2 Comentarios | #

> Qué me llevó a escribir «El Templo del Cielo» <

Reproduzco a continuación un texto promocional solicitado acerca de la nueva novela. Supongo que puedo parecer, a estas alturas, bastante pesadito con el tema. Pero también supongo que me comprenderán, que han pasado seis años desde El Castillo de las Estrellas y son tiempos complicados en todos los ámbitos como para dejarlo pasar.


Hay muchas novelas históricas. Muchas y muy buenas. Alguien escribió una vez -y no sin razón- que prácticamente no quedaba ya rey, súbdito o vasallo que no tuviera escrita su propia biografía novelada. Sin embargo, todavía queda mucha historia por contar. Aunque, tal vez, tengamos que buscar nuestros personajes protagonistas fuera de los escenarios habituales, alejándonos de los palacios y los castillos, de la prensa y los focos. ¿Por qué no buscar nuevas y apasionantes historias en el ámbito de la ciencia? ¿Acaso no pueden proporcionarnos también excitantes aventuras, hazañas casi inverosímiles o, simplemente, contarnos cosas nuevas que a muchos nos sorprenderían? En otras palabras, aprender y entretener. Romper el tabú de «ciencias» o «letras» tan absurdo como erróneo. Y abordar ambas tareas, a cuál de ellas más agradable para el autor. En mi anterior novela «El castillo de las estrellas» partí de esta premisa para estrenarme como novelista y, al mismo tiempo, introducir elementos de divulgación científica dentro del mundo de la ficción histórica. La vida de dos de los astrónomos fundamentales en el devenir del Renacimiento científico, Tycho Brahe y Johannes Kepler -maestro y discípulo, respectivamente- me pareció lo suficientemente atractiva como para dedicarles mi primera novela. A ello tuve que añadir un intrigante, pero igualmente histórico, elemento: la existencia de un antiguo manuscrito completamente real -cuidadosamente guardado y casi venerado en la biblioteca de una universidad estadounidense-, y cuyo significado a estas alturas del siglo XXI permanece velado a cualquier mirada. La casualidad en la época histórica -comienzos del siglo XVII- y otros factores tan extraños como inquietantes (la publicación de un, en principio, formal ensayo periodístico en el que acusaba directamente al genial Kepler del asesinato de su maestro) me empujó a ello. Otros elementos se enredaban en esta trama de forma tan casual como real: la Sociedad de Jesús, por ejemplo.

¿Debía plantearme la continuación de la historia? Decidí que sí, pero no es el orden habitual. Aunque el origen y significado del llamado «Manuscrito Voynich» sigue siendo un misterio, muchos han sido los que han estudiado -y de forma muy seria- su naturaleza. Y una de estas hipótesis históricas me llamó especialmente la atención: ¿pudo haberse escrito este extraño pergamino en el lejano Oriente? ¿Por qué no en China? ¿Y por qué no pudieron ser los propios jesuitas, por aquel entonces lanzados a la tarea de evangelizar todo el Oriente, los que trajeran y guardaran celosamente después el legajo? Bucear en la historia de las misiones orientales de los jesuitas me llevó, para mi sorpresa y fortuna, a conocer la vida y milagros (no cabe denominar sus acciones de otra forma, en mi humilde opinión) de un puñado de aventureros excepcionales que consiguieron entrar en el celosamente cerrado y aislado imperio chino en la época de la dinastía Ming. Y de sus éxitos, por otra parte increíbles. Ahí nace «El templo del Cielo». La China del siglo XVII que se describe en mi segunda novela es apasionante. Casi doscientos millones de almas sometidas a los dictados y caprichos de un emperador al que se tiene por el Hijo del Cielo. Todo lo que ocurre bajo las estrellas tiene que ser predicho e interpretado por el emperador, al que sus súbditos tienen un temor reverencial. ¿Cómo poder entrar en tan vasto y cerrado imperio para evangelizar estas almas y convertirlas al Cristianismo? Una tarea que se antojaba imposible, excepto para un puñado de locos. ¿Locos? Realmente cabe calificarlos así, ateniéndonos a su valor y su fe inquebrantable. Sin embargo, sus armas eran muy diferentes a las que, por ejemplo, estuvo a punto de utilizar Felipe II en aquellos años para aumentar su imperio asiático. Los jesuitas idearon un plan tan sutil como complicado: acceder a los más altos niveles de la burocracia china -y, desde allí, llegar al mismísimo sagrado emperador- haciendo uso de su proverbial capacidad intelectual. No en vano en Europa ha estallado ya la revolución científica. A las observaciones de Galileo se une el modelo de Kepler, y la Tierra ya no es el centro del universo, como propugnaba durante siglos la iglesia católica. Los jesuitas conocen y, en algunos casos, ya comporten el nuevo orden del cosmos y, lo que es más importante, son capaces de predecir con meridiana exactitud cómo los cielos se mueven realmente. Algo de vital importancia para el emperador, perdido en un sinfín de predicciones astrológicas erróneas. El emperador necesitaba un calendario exacto, unas predicciones certeras para mantener su autoridad sobre su empobrecido imperio. Y los jesuitas eran capaces de proporcionárselo.

«El tempo del Cielo» cuenta muchas cosas. No sólo las habilidades astronómicas de los extraordinariamente preparados misioneros jesuitas, sino también cuestiones tales –y de ahí la relación inequívoca con el citado Manuscrito Voynich- como la propia del origen de la antiquísima lengua china, la más antigua que ha pervivido hasta nuestros días. Y que, cómo no, fue motivo de profundísimos estudios por parte de los jesuitas que se encontraron -ahí es nada- con cuestiones nada baladíes como contradicciones con las intocables Sagradas Escrituras. ¿Muchos elementos para una novela? No lo creo. No hay que temer al conocimiento. Y si alguna consecuencia puede extraerse de la lectura de esta novela es ésta: los hechos reales muchas veces pueden superar a la propia imaginación. E, incluso, dando un paso más, imaginar lo que pudo haber pasado. ¿Se imaginan que los jesuitas hubieran conseguido -y a punto estuvieron de hacerlo- convertir al emperador de la China al cristianismo? ¿Cómo sería hoy el mundo?


2013-05-16 23:05 | joven | 0 Comentarios | #

> La noche en vela - El templo del cielo <

Después de unos días de corta pero intensa promoción novelera, me gustaría compartir con vosotros algunos contenidos relacionados con la publicación de El templo del cielo. En esta entrada comenzaré por enlazar la entrevista que en RNE, dentro del programa La noche en vela me hizo la estupenda Pilar Tabares y su equipo. Como el horario es un tanto... nocturno y alevoso, voy a enlazar aquí el Podcast correspondiente. Aprovecho estas letras para darles a todos mil gracias por su simpatía y amabilidad.






2013-05-15 22:23 | joven | 0 Comentarios | #

> El Templo del Cielo - (Presentación) <

Ahora toca viajar un poco.
Para aquellos que puedan, quedan invitados en Zaragoza el martes-14, a las 19:30 en el salón Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Enlace a la presentación, aquí. Allí estaré junto con la editora, Blanca Rosa Roca y el buen amigo y mejor escritor Juan Bolea.

Maquetación 1


También información en la web del Centro del Libro de Aragón -aquí-

2013-05-11 01:01 | joven | 4 Comentarios | #

> El Templo del Cielo - (leer comienzo) <






Puedes echar un vistazo (y una primera lectura) a la novela. Ya está a la venta. Espero que te guste.

2013-04-13 20:43 | joven | 0 Comentarios | #

> El Templo del Cielo (¡YA oferta digital!) <



Pues casi por sorpresa, como por ensalmo, ya puede encontrarse El Templo del Cielo en todos los formatos digitales habidos y por haber (o eso creo) a un precio muy reducido (como la mitad de una novedad digital): 6 y pico euros, y mucho antes de la edición en papel (prevista para el 12 de abril).

Enlaces:

- para Kindle

- en Casa del Libro

- en varios formatos: PC-Mac, ePUB (sin DRM), iPAD, Android, eReaders

Tendría que decir aquello de "corre antes de que se agote", pero lo digital no se acaba nunca. De todas formas, si lo descargas, ¡Muchas gracias! Puedes hacerme comentarios aquí mismo o por twitter @EnriqueJoven

PS: Por cierto, si te parece mucho todavía el precio, ten en cuenta que su graciosa majestad Hacienda le mete un 21% de IVA, así que a RocaEditorial poco más le podemos pedir. Salvo un reconocimiento explícito de agradecimiento por mi parte a una editora valiente

2013-03-25 18:13 | joven | 7 Comentarios | #

> El Templo del Cielo (la novela - Sinopsis) <



"Lisboa, año 1618. Una carraca atestada de comerciantes, fugitivos, buscadores de fortuna, soldados y gente de toda clase y condición parte hacia los enclaves portugueses en India y China. El destino final es Macao, la puerta de entrada en el casi inaccesible imperio chino. Entre el pasaje, un grupo de misioneros jesuitas cuidadosamente escogidos cargados de objetos de culto religiosos. Y también de numerosos libros científicos. Su objetivo último es convertir al catolicismo a doscientos millones de almas, comenzando por el todopoderoso emperador Wanli. Su estrategia, utilizar sus vastos conocimientos y proverbial inteligencia para impresionar a la clase ilustrada que rodea en la corte de Beijing al llamado 'Hijo del Cielo', denominación que recibe el emperador, el único capaz de interpretar los signos celestes que marcarán el futuro de su pueblo. La sabiduría del ya fallecido padre Matteo Ricci ha logrado los primeros frutos y señalado el camino a seguir: trabajar con los astrónomos del emperador y conseguir elaborar un calendario perfecto. Un joven pisano, Paolo Arrighetti, será el encargado de trabajar como cronista jesuita de todo lo que acontezca en tan incierta aventura. Junto a él viajan varios astrónomos jesuitas, como los padres Pantaleón Kirwitzer, Giacomo Rho y el colérico a la par que genial Adam Schall, que terminará alcanzando los más altos honores imperiales. También Johann Terrenz, un cirujano alemán que, habiendo abrazado interesadamente los hábitos jesuitas, ansía conocer los secretos de la medicina china. Y no sólo eso. Con él viaja hacia China parte de un extraño pergamino ilegible compendio de botánica y astrología, enviado por su amigo el famoso astrónomo imperial de Praga Johannes Kepler, que piensa puede estar escrito o incluso cifrado en algún dialecto oriental. Su mentor, el emperador Rodolfo II de Bohemia, está obsesionado por traducirlo en la incesante búsqueda alquímica de la piedra filosofal que pueda sacarlo de la depresión y de la ruina. Los convulsos acontecimientos políticos en la China del imperio Ming, que terminarán por llevar al poder a la nueva dinastía manchú Qing, atrapan en el cerrado a la par que inmenso imperio chino a la pequeña comunidad científica jesuita, que además se verá sacudida por inexplicables fallecimientos relacionados con el significado del citado manuscrito.

El Templo del Cielo está basado –salvo en el caso del propio narrador de la historia– en personajes y hechos históricos tan reales como sorprendentes. La irrupción de la ciencia occidental en la China del siglo XVII, anclada en su cultura ancestral, supondría un acontecimiento de indudable influencia en la evolución posterior del imperio. Junto a estos elementos puramente históricos, la narración introduce en la novela otro elemento igualmente real y coetáneo: el hoy conocido como Manuscrito Voynich, un pergamino datado en el siglo XV y que, archivado hoy en día en la conocida biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, está considerado como el documento cifrado más popular y enigmático de la actualidad. Las primeras noticias de su existencia se remontan a la citada corte de Rodolfo II en Praga, así como su posterior pertenencia a la Sociedad de Jesús, que lo mantendría en su poder hasta comienzos del siglo XX. No en vano, uno de los más famosos sabios jesuitas de la época, Athanasius Kircher, podría haber intentado inútilmente su traducción, considerándolo similar a los lenguajes más antiguos conocidos en la época: el desaparecido jeroglífico egipcio y los propios ideogramas chinos, que eran ya bien utilizados por los misioneros jesuitas en Oriente. El lector avezado que haya leído la anterior novela del autor El Castillo de las Estrellas, encontrará lógicos puntos de encuentro entre ambas, y bien puede considerarse a El Templo del Cielo como una precuela de la misma."

2013-03-20 01:15 | joven | 0 Comentarios | #

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